miércoles, 14 de abril de 2021

La historia del Salto de Millares - 2ª parte - El proyecto hidroeléctrico del Salto de las Agujas

LA HISTORIA DEL SALTO DE MILLARES
 
2ª PARTE
 
 
El Salto de Millares en construcción - Año 1932
 
 
 
EL PROYECTO HIDROELÉCTRICO DEL SALTO DE LAS AGUJAS


El proceso de electrificación inicial de la Comunidad Valenciana sufre un salto cualitativo con la  explotación de  la  energía hidroeléctrica.  El río  Júcar ha  supuesto y  supone la mayor fuente de energía hidroeléctrica en la provincia de Valencia. A partir de 1882 se empieza a atisbar el negocio eléctrico y diferentes concesionarios se reparten los saltos aprovechables de la cuenca. Uno de los más relevantes, por la potencia eléctrica que podía suministrar, era el denominado  Salto de  las  Agujas, próximo a  la población de Millares. La Sociedad Hidroeléctrica de Valencia adquirió la concesión en 1897 con el objetivo de construir el aprovechamiento, pero el proyecto se demoró por las dificultades técnicas que presentaba y la incapacidad financiera del concesionario, y la concesión pasó a manos de Hidroeléctrica Española. Esta última presentó un nuevo proyecto de unificación con  el  salto  anterior aguas  arriba,  conocido  como  Dos  Aguas,  aunque  el proyecto tampoco resultó viable técnicamente y se retrocedió a la idea inicial, dividiendo la obra en dos actuaciones. El proyecto definitivo se finalizó en 1921. El presente trabajo analiza  el  devenir  histórico  de  este  emblemático  proyecto  y  su  repercusión  en  la electrificación temprana de la provincia de Valencia.
 
 
El Río Júcar - 1932
 

EL PROCESO DE INTEGRACIÓN DE LA SOCIEDADES ELÉCTRICAS VALENCIANAS

Introducción

La  electrificación  inicial  de  la  actual  Comunidad Valenciana es  todavía  una  materia poco conocida y sin embargo muy relacionada con el proceso de industrialización que ha recibido en  su  conjunto,  mayor  atención  de  los  investigadores.  La  generación  hidroeléctrica  fue decisiva  en  la  competencia  con  el  gas  para  iluminación  ya  que  permitía  una  política  de precios contenida e independiente de las oscilaciones del mercado del carbón y del petróleo. La  generación  hidroeléctrica  vino  acompañada  de  los  avances  en  la  tecnología  del transporte eléctrico que posibilitó la distribución de la electricidad a las zonas más pobladas y alejadas  de  los grandes  centros  de producción.  En  la  provincia  de  Valencia,  tanto el  río Turia como  el  Júcar  fueron  los  principales  apoyos del  mercado  eléctrico  a comienzos  del siglo  XX  siendo  este  último  por  su  especial  orografía y  caudal,  el  que  tuvo  una  mayor relevancia.
 
 
El Río Júcar

 
La  explotación  de  los  saltos  hidroeléctricos  suponía  grandes  inversiones  en  obra  civil  e instalaciones  y requería de una concesión administrativa otorgada por el Gobernador de la provincia. Así, las concesiones y en su caso las prórrogas a las mismas aparecen recogidas en el Archivo de la Diputación Provincial de Valencia (ADPV).

El presente  artículo analiza  el  desarrollo  de  uno  de  los  grandes  saltos  del Júcar  conocido como Salto de las Agujas que actualmente se denomina Salto de Millares, por su proximidad a la población valenciana del mismo nombre.
 
 

El Río Júcar

El proceso  para llevar  a  cabo  su  explotación involucró  a  una  de  las  principales empresas eléctricas valencianas de finales del siglo XIX, la Sociedad Hidroeléctrica de Valencia, pero la  fuerte  inversión  requerida  y  las  dificultades  para  su  construcción  impidieron  que  esta mercantil  pudiera  culminar  su  proyecto  que  fue  finalmente  trasferido  a  Hidroeléctrica Española, una empresa fundada posteriormente dentro de un mercado evolucionado y más maduro.
 
 

 

Este  artículo da  a  conocer  los  diferentes  agentes  que  intervinieron  en  el  desarrollo  del proyecto, el  porqué  de su  puesta  en  marcha, y  las dos  grandes dificultades que  debieron solventarse, en primer lugar, la financiera y en segundo lugar la constructiva. La información que ha permitido la redacción del mismo se ha obtenido fundamentalmente del Archivo Histórico de Iberdrola en el Salto de Alcántara (AHISA) (García y Diego, 2005).
 
 
El Río Júcar
 
 
 
 Final
 
2ª parte


viernes, 9 de abril de 2021

La historia del Salto de Millares - 1ª parte - El proceso de integración de las sociedades eléctricas valencianas

 La historia del Salto de Millares

1ª parte

 

 

El proceso de integración de las sociedades eléctricas valencianas



Salto de Millares


"Como en la Alpujarra, como en el macizo de Peñagolosa y en el alicantino de Aitana, los caminos son solitarios; de pueblo a pueblo, en esta comarca (del cañón del Júcar), menos aún que en aquéllos, no hay caseríos, ni casas, ni ventas, ni bosques, ni fuentes, éstas por excepción y poco visibles. Pero aventajan en la amplitud de los horizontes, porque se han trazado, ó mejor abierto á lo largo de extensas mesetas, desde las cuales se tiende la vista en todas direcciones para contemplar y gozar, no una llanura monótona, sino segundos y ulteriores términos formados por un conjunto de montañas que en dirección parecida á la del Júcar atraviesan la provincia de Valencia, ó tambien un espacio más abierto, limitado por la Muela de Bicorp. Y los que han viajado por las montañas saben cuánto atenúa las molestias producidas por el estado del camino aquella impresión que nace de contemplar horizontes grandiosos que, por serlo, hasta llegan á subyugar el ánimo"
E. Soler (1905): Por el Júcar. Notas y apuntes de viaje, p. 11

 




"Pero ¡qué cerca y a la vez qué lejos estábamos de Molinar! El paisaje (de Millares) es otro, otros los vecindarios, las costumbres, las tradiciones y el nivel económico del medio ambiente. A fines del XVIII, el P. Cabanilles reprobaba a los habitantes de Millares que postergaran el cultivo de sus tierras a las artes industriales. El religioso enciclopédico habría preferido que sus anfitriones (¡ya era ha hazaña en aquellos tiempos recorrer a fondo el valle del Júcar!) se dedicaran a la nutricia labranza en vez de al oficio de fabricar alpargatas. Pero ¿qué habría escrito el autor adivinando que dos siglos después iban la industria y la agricultura a emparejarse y caminar de consuno, que una empresa española concienzuda y audaz habría de civilizar, habría de industrializar, no ya en detrimento de la agricultura, sino en beneficio de los regantes, las aguas histéricas del Júcar?" (Hidroeléctrica Española, S.A. (1907-1957), p. 40)


La garganta del Júcar, encajada entre muelas y sierras medias mediterráneas, es un paisaje sublime. En las abruptas laderas del cañón afloran masivas secuencias rocosas y se desarrolla una amplia diversidad de nichos ambientales. Durante siglos, el congosto fue un desierto marginal e incomunicado, un refugio casi inexpugnable, pero también un camino de agua, vigilado desde castillos y atalayas, y arriesgada ruta de almadías y gancheros. Entre Cofrentes y Tous, el río Júcar - alimentado por la sostenida inercia del caudal de base en régimen natural - salva un desnivel de 300 m, un valioso recurso para los saltos hidroeléctricos pioneros en la primera mitad del siglo XX. Desde entonces hasta hoy, la hidroelectricidad ha transformado muchos elementos dominantes del paisaje del cañón. De la gestión energética de la garganta dependen muchas actividades de nuestra sociedad postindustrial. El paisaje del cañón del Júcar, además de agua y roca, y de chorradores y reciales, también es un complejo hidrotecnológico que ha impreso nuevas dimensiones al paisaje.

 


 

 

 Un aislado congosto

La garganta del Júcar entre Cofrentes y Tous se encaja mayoritariamente entre bordes recortados de mesas y muelas calcáreas (sur) y de sierras plegadas y fracturadas (norte). En las vertientes, desniveles pronunciados, escarpes y cantiles, bien registrados por la toponimia (cinto, cingla, ceja, morro, cuchillo, muralla, cortada, alto, rialto, puntal, etc.), alternan con cuestas y taludes de marcado gradiente sobre rocas más blandas. También hay marcas de desprendimientos y desplomes. En todo caso, el perfil transversal y la anchura de la garganta cambian en cada tramo.


En su recorrido por el cañón, el Júcar es un río alóctono con una notoria influencia atlántica en su régimen, con nevadas invernales en las serranías de cabecera y frecuentes tormentas primaverales. Antes de la regulación del Júcar, el caudal medio a la entrada del congosto era de 55 m3/seg. y a la salida (en Sumacàrcer) era de 60. Si el caudal era relativamente importante, más significativa era la regularidad cárstica de los ríos Júcar y Cabriel, dependientes de los acuíferos de cabecera y de la Mancha oriental. De otra parte, la influencia mediterránea introduce rasgos de torrencialidad. Las crecidas extraordinarias destruían los puentes y arrasaban precarias infraestructuras, que colapsaban la comunicación entre ambas márgenes (así sucedió en 1864, 1884, 1898, 1923). En tiempos más recientes, el desastre de la riada de 1982 aceleró la reordenación hidroeléctrica aguas arriba de Tous.

 


 


El congosto se halla comprendido entre los pisos bioclimáticos termo y mesomediterráneo, con ombroclimas de subhúmedos a secos. Al mismo tiempo, el encajamiento condiciona los contrastes entre solanas y umbrías y una rica alternancia de nichos ecológicos. En consecuencia, hay numerosos microambientes con una flora muy representativa; algunos más accesibles fueron aprovechados como recurso por los habitantes de Tous, Dos Aguas, Millares, Cortes de Pallás y Cofrentes.


El territorio que rodea la garganta fue descrito por Cavanilles como un desierto "sin cultivo y sin colonos". La difícil accesibilidad y los escasos recursos siempre limitaron la densidad demográfica. No obstante, durante la época islámica se implantó a lo largo del congosto un sistema defensivo de castillos, torres vigías y fortificaciones, de los que dependían alquerías y otros asentamientos dispersos. Los sitios defensivos son espectaculares e insólitos, sobre acantilados y cerros (castillo de Tous-Terrabona, Castillet, castillo de Cabas y castillo de Millares, castillos de Ruaya, la Pileta, Otonel y Chirel en Cortes de Pallás y castillo de Cofrentes). El emplazamiento más impresionante es el arruinado castillo de Madrona, sobre una aguda peña junto al cierre de la presa del Naranjero, con restos de estructuras apoyadas en el borde de un abismo de 300 m sobre el Júcar.
Tras la conquista cristiana del siglo XIII, los márgenes del cañón del Júcar siguieron poblados por mudéjares. Forzados a bautizarse en 1525, se produjo la primera sublevación de la muela de Cortes. Posteriormente, la orden de expulsión de los moriscos (1609) originó la gran rebelión con un resultado dramático para los sublevados. La expulsión produjo el abandono generalizado de casas y tierras, algunas de las cuales se transformaron en eriales durante la gran crisis del siglo XVII. Pese a los intentos de repoblación, algunos lugares quedaron definitivamente deshabitados. A fines del siglo XVIII, Buguete (Boxet) y Rugaya (Ruaya) estaban despoblados y en Otonel quedaba una sola casa. El patrón del poblamiento actual, pese a los despoblados, es herencia de época medieval. Las poblaciones que rodean el congosto (Cofrentes, Cortes, Dos Aguas, Millares, Tous) crecieron en el siglo XIX y alcanzaron el máximo demográfico durante las primeras décadas del siglo XX (debido a las obras relacionadas con la construcción de los saltos hidroeléctricos).


 



Los recursos tradicionales en el entorno de la garganta han sido la ganadería extensiva, los productos forestales y la práctica de la agricultura. Como las cuidadas huertas en el ruedo de los pueblos y los cultivos del secano (algarrobo, olivo, vid) no proporcionaban lo necesario, la actividad agrícola se completaba con la ganadería trashumante, la explotación del monte (carboneo, leña, cal, miel, etc.) o la recolección de esparto para la manufactura de alpargatas, y de palmito para cuerdas, escobas, etc. Algunos vecinos redondeaban sus ingresos con otros oficios a tiempo parcial (arriería, gancheros, jornaleros en la Ribera, etc.).


Otro rasgo ha sido el aislamiento y la dificultad de las comunicaciones. Las vías más comunes eran las veredas de ganado y las sendas de los arrieros. Los pasos más complicados se encontraban en los cintos que bordeaban las muelas. De otra parte, el carácter inaccesible del congosto se veía acentuado por los escasos pasos para cruzar el río Júcar: en Cofrentes, Cortes de Pallás y Millares hubo precarios puentes de madera que, de forma recurrente, eran arrastrados por las mayores crecidas. En Tous había una barca para cruzar el Júcar.

 



Final

1ª parte


martes, 6 de abril de 2021

"Seis cuatro" de Hideo Yokoyama




Crítica de 'Seis cuatro': un 'thriller' reposado de sentimientos subterráneos.


Yoshinobu Mikami y su mujer tienen que enfrentarse a la identificación del cadáver de una adolescente. Afortunadamente comprueban que no es el de su hija. A pesar del tiempo transcurrido se aferran a la esperanza de que siga con vida. Tal vez por ello se niegan a aportar datos como el historial dental o las huellas dactilares, cotejos que suelen llevarse a cabo más en cadáveres que con personas desaparecidas. Es un campo que Mikami conoce bien, ya que durante años fue inspector en la Segunda División de Investigaciones Criminales.


Por otro lado, nos encontramos con la próxima prescripción del secuestro y posterior asesinato de una niña llamada Shoko Amamiya. El caso Seis cuatro. Es la excusa perfecta para revisar pruebas y poner de nuevo en marcha la maquinaria. Por ello, el comisionado general planea una visita oficial en la que emitirá un comunicado desde el domicilio de los Amamiya. Pero la negativa del padre de la pequeña abre la puerta a que se cuestionen los métodos empleados en el pasado.


 Es indiscutible que el género negro es uno de los que mejor refleja los problemas sociales. Y la novela negra en Japón siempre ha ido un paso por delante en este particular. El retrato y la denuncia soportan allí un peso tan grande que acaban ocupando un espacio incluso mayor que la propia trama criminal en los libros. La clave de su éxito reside en el equilibrio entre ambos elementos y en una cuidada tensión narrativa en aquello que no tiene que ver con la investigación policial.


Así las cosas, nos hallamos frente a una obra de 650 páginas en la que el escritor Hideo Yokoyama, un autor muy celebrado en su país, nos habla de manera extensa de la delgada línea que separa el periodismo de sucesos del amarillismo. Mikami, jefe de prensa del departamento de Relaciones con los Medios, tendrá que vérselas con los representantes de los principales periódicos y negociar hasta qué punto el derecho a la información de los ciudadanos puede chocar con la privacidad de las víctimas. ¿Cómo consigue que fluya? Logrando que esta parte de la historia ejerza una presión en el ánimo del protagonista y alternando esta lucha constante con todo lo que va descubriendo sobre Seis cuatro.


Esta es una novela de transcurso reposado, tal vez demasiado para el lector perezoso y acostumbrado al ritmo frenético de algunos de los 'thrillers' actuales. Yokoyama desgrana a sus personajes al milímetro, en especial al protagonista. Y lo consigue a través del encubierto monólogo interior de Mikami. Sabemos lo que piensa en todo momento. De esta manera, nos acerca una forma de razonar y hacer que refleja toda una sociedad: el desajuste entre pensamiento y palabra en una cultura donde la cortesía está por encima de los impulsos; el acatamiento riguroso de las jerarquía, y lo que conlleva que alguien pueda atreverse a transgredirlas; la observación del detalle; el respeto por las tradiciones. Toda una serie de ingredientes que convierten la lectura de esta obra en una suerte de inmersión cultural, logrando que el poso lector sea de largo recorrido. (El periódico)

viernes, 24 de julio de 2020

LA COHERENCIA

LA COHERENCIA

El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto, se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección.
La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa.
Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos y vulgares en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección... y para colmo, se le cayó el celular y se le corrió el maquillaje.
En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el cristal de su lado. Allí, parado junto a ella, estaba un agente mirándola muy seriamente.
El oficial le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a la comisaría donde la revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares y la pusieron en una celda.
Después de un par de horas, un agente se acercó a la celda y abrió la puerta.
La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales.

- Señora, lamento mucho este error —le explicó Maruo Castro, el agente–.

Le mandé bajar mientras usted se encontraba tocando la bocina fuertemente, queriendo pasarle por encima al automóvil del frente, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces.

Mientras la observaba, me percaté de que:
- De su retrovisor cuelga un rosario.
- Su auto tiene una calcomanía que dice: "Jesús te ama".
- Su patente tiene un borde que dice "Amor y paz".
- En la parte de atrás hay una oblea que dice "La paciencia es la madre de las virtudes”.
- Otra calcomanía que dice: "Practica la meditación".
- Y, finalmente, la imagen que dice: "Respeta al projimo"

¡Como es de imaginarse... supuse que el auto era robado!

Esta historia muestra la importancia de ser coherentes entre lo que pensamos, lo que creemos, lo que decimos, y lo que hacemos.

jueves, 9 de julio de 2020

Progre.

No se puede generalizar, pero por desgracia estamos formando una generación así.