Soy una colección de recuerdos pegados en mi alma, mezclados con canciones, aromas y sueños.
lunes, 29 de junio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
miércoles, 24 de junio de 2015
martes, 23 de junio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
jueves, 18 de junio de 2015
martes, 16 de junio de 2015
Las cuatro estaciones II - 5ª parte - Nace un nuevo día.
LAS CUATRO ESTACIONES
5ª PARTE
9
Nace un nuevo día
El
tiempo es el gran escultor de nuestras vidas; nos modela y delimita, nos
construye en virtud de lo que dejamos detrás. Soy es consciente de este hecho,
por eso mi propuesta de vida gira en torno a este relato, a estas vivencias, a
una vida dividida en las cuatro estaciones. Una vida mostrada en la forma de
hojas de calendario arrancadas.
Desde que nacemos, hasta que fallecemos, nuestra
existencia transcurre almacenando recuerdos, recuerdos que un mal día empezamos
a olvidar, que se borran de nuestra memoria, dejándonos lagunas, vacíos que no
podemos interpretar, lo que antes era una vida llena de historia, personas,
palabras, anécdotas, comienza a ser una existencia rutinaria, un regreso a
nuestros principios.
Hoy
nace un nuevo día, y con él mi
esperanza, que he encontrado en la pluma, el placer de sumergirme en mis
recuerdos más infantiles; recuerdos de añoranzas e ilusiones pasadas, que hace
tiempo decidí desempolvar y plasmarlas en un rincón de este blog, de una
página, creada con la ilusión de recordar, no sólo mis vivencias, sino también
la tierra donde crecí y viví mi niñez. Realmente cuando me pongo a exteriorizar
aquellos recuerdos, no puedo menos que llevarme las manos a la cabeza, y
comprobar, lo distinto que es todo. Aunque la inocencia infantil, puede que sea
la misma, el escenario es otro, no se asemeja en nada a nuestras calles, cuando
éramos felices con los juegos infantiles.
Cuando
“alguien” se atreve, se para y se sumerge en los recuerdo, nos encontramos un
mundo nuevo, no desconocido porque es un tiempo vivido, vivido por uno mismo en
distintas etapas de la vida, y he descubierto que solo hay que pararse y cerrar
los ojos, y es entonces cuando nos encontramos a ”nosotros mismos”, porque no
somos el presente, somos algo más que eso, somos un compendio de vivencias
pasadas, presentes y posibles futuras, y pobre del que no quiere reconocerlo
así, porque estaría incompleto.
A
veces para entendernos y entender nuestros comportamientos no queda más que
reconocernos, mirar hacía el pasado, hasta nuestra tierna infancia e ir tirando
del hilo de los recuerdos y seguro que descubriremos tantas, tantas cosas, y
especialmente viviremos de nuevos los besos y arrumacos de nuestros padres;
esos besos que quedaron guardados en algún rincón de nuestra alma y que de vez
en cuando hay que desempolvar para
volver a sentirlos, porque nuestro corazón no entiende de edad, siempre
es niño y necesita de las caricias ya casi olvidadas de nuestros seres más
queridos.
Irremediablemente
el tiempo pasa, y nosotros también vamos envejeciendo y de vez en cuando
abrimos el baúl de nuestra historia, y nos dejamos llevar por el sopor de la
nostalgia, y pienso: ¡Qué tiempos aquellos! y, ¡ay, que rápido pasa la vida!...
A
mí me toca escribir esta historia, que de real pasa a nostálgica. Cuando hablo
de nostalgia me refiero a todos nosotros, los niños de los años cincuenta, eso
éramos nosotros, esos niños que siempre van a recordar a su niñez. Recordar,
porque si hacemos trabajar nuestra memoria, allí, en aquel cerezo del cemento, en
el campamento, la piscina, el río… como una visión estaremos siendo
protagonistas de nuestra historia.
Haber
vivido una infancia como esa es lo que nos permitió esforzarnos para ser lo que
hoy somos y aportar a la sociedad lo que hayamos aportado. Conocimos la
sinceridad, la honestidad, la integridad del comportamiento, el valor de la
palabra empeñada, la necesidad del esfuerzo propio para lograr metas y
objetivos, el trabajo duro y constante, y la satisfacción del deber cumplido.
Las
generaciones de hoy ignoran que todo de lo que gozan actualmente se lo deben a
mi generación y la anterior, la de nuestros padres. Los avances científicos y
tecnológicos, la democracia, los niveles de educación a su alcance y que a
veces no aprovechan. Y sin embargo se burlan de los viejos en un nivel de
inconsciencia asombroso.
Pero
lo más importante de nuestra niñez es que nos enseñaron principios morales y
éticos que guiaron nuestra conducta.
En
esta vida estamos de paso, solo debemos de encontrar la manera de saberla
disfrutar, las cosa malas vienen solas, las cosas buenas cuando vienen, no hay
que dejarlas escapar.
Hoy,
cuando ya no queda nadie de mis generaciones anteriores, les doy gracias a
ellos desde el fondo de mi corazón por lo mucho me enseñaron… a vivir en
libertad.
FINAL DE LA 5ª PARTE
sábado, 13 de junio de 2015
miércoles, 10 de junio de 2015
Las cuatro estaciones II - 4ª parte - Nostalgia.
8
Nostalgia
Como ha pasado el tiempo, ha sido un abrir y cerrar de ojos, ahora cada vez que puedo me zambullo en los recuerdos de mi niñez, y eso me reconforta, porque mi infancia fue muy feliz, junto a mi querida y entrañable familia.
La nostalgia ese sentimiento que a veces te permite recordar con alegría y darte un paseo por el tiempo. Es bonito cuando echas la vista atrás y recuerdas tu infancia o juventud sintiendo una sensación de emoción del tiempo pasado, ese sentimiento encantador ante el recuerdo de lo ausente o desaparecido para siempre en el tiempo.
La nostalgia de los tiempos pasados, esa sensación triste y dulce de lo que ya no está, se nos presenta en ocasiones y cualquier cosa que nos recuerde a aquellos años nos llena de emoción.
Mi mundo era el poblado del Salto de Millares, la escuela, sus pequeñas calles… Qué bonito era ser niño, la vida era tan sencilla y simple, todo se resumía en ser feliz, tu mayor preocupación era que llegara la hora de salir a jugar, el frío y el calor no eran pretexto para estar con tus amigos, un bote podía ser tu mejor balón, o correr era suficiente para divertirse, el dinero no era necesario, tener 50 céntimos era sentirse millonario, como cambia el tiempo y como se anhela a veces volver.
La nostalgia ese sentimiento que a veces te permite recordar con alegría y darte un paseo por el tiempo. Es bonito cuando echas la vista atrás y recuerdas tu infancia o juventud sintiendo una sensación de emoción del tiempo pasado, ese sentimiento encantador ante el recuerdo de lo ausente o desaparecido para siempre en el tiempo.
La nostalgia de los tiempos pasados, esa sensación triste y dulce de lo que ya no está, se nos presenta en ocasiones y cualquier cosa que nos recuerde a aquellos años nos llena de emoción.
Mi mundo era el poblado del Salto de Millares, la escuela, sus pequeñas calles… Qué bonito era ser niño, la vida era tan sencilla y simple, todo se resumía en ser feliz, tu mayor preocupación era que llegara la hora de salir a jugar, el frío y el calor no eran pretexto para estar con tus amigos, un bote podía ser tu mejor balón, o correr era suficiente para divertirse, el dinero no era necesario, tener 50 céntimos era sentirse millonario, como cambia el tiempo y como se anhela a veces volver.
Hoy quiero volver a ser un niño, andar de la mano de mis padres, y balancearme mientras entre ambos me sujetan sin esfuerzo, yo con mi ropa de domingos, ellos con la sonrisa de fiesta. Quiero aprender, otra vez, a montar en bicicleta, y que mi padre sujete mi sillín y me prometa que no me va a soltar. Y que vuelva a soltarme. Quiero que, mi madre, cure mis rodillas heridas de niño, mis codos, mi barbilla, que me consuele, que me limpie, que me peine, que seque mis lágrimas. Quiero volver a comparar mi mano con la suya y comprobar que, aún y por siempre, es mucho más grande que la mía.
Quiero volver a pelear, en broma, con mis amigos sobre la hierba verde y fresca del pasado. Quiero echar carreras con ellos en él cemento y volver a jugar los interminables partidos de fútbol.
Quiero volver a hablar con mis amigos, entonces conversábamos entre nosotros, no como hoy, que se han creado generaciones del silencio, las de la cabeza baja porque están pegados a sus teléfonos y sumergidos en las dimensiones electromagnéticas, olvidándose del mundo que los rodea. Nos preocupábamos por conocer a nuestros vecinos y sus familias.
Nunca tuvimos teléfonos inteligentes, los inteligentes éramos nosotros, que nos las ingeniábamos para leer la mayor cantidad de libros que pudiéramos. Tampoco ordenadores, “play stations”, y otros instrumentos idiotizantes que hoy en día hacen que los niños y adolescentes pasen pegados frente una pantalla, sino que teníamos el poblado, las calles, el río, el monte… para nuestras aventuras de héroes, piratas, soldados y cosas así.
Compruebo estos días que le memoria es como un ovillo de hilo, si tomas el cabo y tiras de él y tiras y tiras, parece que hay mucha más hilo del que esperabas. Y eso me está ocurriendo desde que meencontré con los amigos de la niñez. Según tiro del ovillo voy hallando historias de mi pasado que había olvidado. Recuerdo el nombre de algun amigo y tras él, aparecen varios más. Recuerdo un lugar y de repente veo la escena, con detalles. Veo la foto del Salto de Millares y mágicamente siento y huelo su aire. Se me revelan detalles de mi pasado que había olvidado. La vida se deconstruye con el tiempo, pero la mía se está recomponiendo, como un puzzle.
Compruebo estos días que le memoria es como un ovillo de hilo, si tomas el cabo y tiras de él y tiras y tiras, parece que hay mucha más hilo del que esperabas. Y eso me está ocurriendo desde que meencontré con los amigos de la niñez. Según tiro del ovillo voy hallando historias de mi pasado que había olvidado. Recuerdo el nombre de algun amigo y tras él, aparecen varios más. Recuerdo un lugar y de repente veo la escena, con detalles. Veo la foto del Salto de Millares y mágicamente siento y huelo su aire. Se me revelan detalles de mi pasado que había olvidado. La vida se deconstruye con el tiempo, pero la mía se está recomponiendo, como un puzzle.
Lo que si viene a mí memoria, es el detergente Tú-Tú, la lejía de los Tres Ramos o los jabones Lagarto siempre estaban en el hogar mientras que en la mesa estaba la botella de vino rellenable, la gaseosa La Pitusa o el Agua del Carmen que se daba en los momentos trágicos como una muerte o un disgusto para pasar "el mal trago".
Los chiclés Bazooka estaban nuestra boca los domingos o día de fiesta, como algo excepcional, mientras jugábamos al fútbol o al aro y, por si nos caíamos y nos hacíamos herida, la escandalosa Mercromina siempre estaba en el botiquín.
También me acuerdo de aquellas reuniones vecinales, el día de la “Virgen del Carmen”, donde lo celebrábamos todos. Era un día muy señalado para nosotros, ¡era el día grande!
"La capilla y la escuela, al fondo, el río Jucar"
Cuantas cosas puedo contar de mi niñez... niñez enmarcada en el centro neurálgico del poblado, el "cemento". Ahora cuando pienso en aquellos días, la nostalgia me embarga de tal manera, que daría algo por encontrarme sentado en la puerta de mi casa. Hoy, cuando me sumerjo en mi historia descubro día a día cosas maravillosas de esa etapa de mi vida, y hasta este momento, momento en el que me he parado a pensar sobre mis vivencias y que en definitiva son los primeros recuerdos de mi existencia, me he dado cuenta, de lo afortunado que ha sido mi vida hasta ahora. He ido quemando etapas, pero nunca me había parado a reflexionar sobre las mismas. Haciéndolo he descubierto un mundo ante mí en el cual he sido protagonista, y al no ser por esta introspección hacía mi interior, no hubiera descubierto jamás.
FINAL DE LA 4ª PARTE
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