martes, 6 de abril de 2021

"Seis cuatro" de Hideo Yokoyama




Crítica de 'Seis cuatro': un 'thriller' reposado de sentimientos subterráneos.


Yoshinobu Mikami y su mujer tienen que enfrentarse a la identificación del cadáver de una adolescente. Afortunadamente comprueban que no es el de su hija. A pesar del tiempo transcurrido se aferran a la esperanza de que siga con vida. Tal vez por ello se niegan a aportar datos como el historial dental o las huellas dactilares, cotejos que suelen llevarse a cabo más en cadáveres que con personas desaparecidas. Es un campo que Mikami conoce bien, ya que durante años fue inspector en la Segunda División de Investigaciones Criminales.


Por otro lado, nos encontramos con la próxima prescripción del secuestro y posterior asesinato de una niña llamada Shoko Amamiya. El caso Seis cuatro. Es la excusa perfecta para revisar pruebas y poner de nuevo en marcha la maquinaria. Por ello, el comisionado general planea una visita oficial en la que emitirá un comunicado desde el domicilio de los Amamiya. Pero la negativa del padre de la pequeña abre la puerta a que se cuestionen los métodos empleados en el pasado.


 Es indiscutible que el género negro es uno de los que mejor refleja los problemas sociales. Y la novela negra en Japón siempre ha ido un paso por delante en este particular. El retrato y la denuncia soportan allí un peso tan grande que acaban ocupando un espacio incluso mayor que la propia trama criminal en los libros. La clave de su éxito reside en el equilibrio entre ambos elementos y en una cuidada tensión narrativa en aquello que no tiene que ver con la investigación policial.


Así las cosas, nos hallamos frente a una obra de 650 páginas en la que el escritor Hideo Yokoyama, un autor muy celebrado en su país, nos habla de manera extensa de la delgada línea que separa el periodismo de sucesos del amarillismo. Mikami, jefe de prensa del departamento de Relaciones con los Medios, tendrá que vérselas con los representantes de los principales periódicos y negociar hasta qué punto el derecho a la información de los ciudadanos puede chocar con la privacidad de las víctimas. ¿Cómo consigue que fluya? Logrando que esta parte de la historia ejerza una presión en el ánimo del protagonista y alternando esta lucha constante con todo lo que va descubriendo sobre Seis cuatro.


Esta es una novela de transcurso reposado, tal vez demasiado para el lector perezoso y acostumbrado al ritmo frenético de algunos de los 'thrillers' actuales. Yokoyama desgrana a sus personajes al milímetro, en especial al protagonista. Y lo consigue a través del encubierto monólogo interior de Mikami. Sabemos lo que piensa en todo momento. De esta manera, nos acerca una forma de razonar y hacer que refleja toda una sociedad: el desajuste entre pensamiento y palabra en una cultura donde la cortesía está por encima de los impulsos; el acatamiento riguroso de las jerarquía, y lo que conlleva que alguien pueda atreverse a transgredirlas; la observación del detalle; el respeto por las tradiciones. Toda una serie de ingredientes que convierten la lectura de esta obra en una suerte de inmersión cultural, logrando que el poso lector sea de largo recorrido. (El periódico)

viernes, 24 de julio de 2020

LA COHERENCIA

LA COHERENCIA

El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto, se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección.
La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa.
Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos y vulgares en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección... y para colmo, se le cayó el celular y se le corrió el maquillaje.
En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el cristal de su lado. Allí, parado junto a ella, estaba un agente mirándola muy seriamente.
El oficial le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a la comisaría donde la revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares y la pusieron en una celda.
Después de un par de horas, un agente se acercó a la celda y abrió la puerta.
La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales.

- Señora, lamento mucho este error —le explicó Maruo Castro, el agente–.

Le mandé bajar mientras usted se encontraba tocando la bocina fuertemente, queriendo pasarle por encima al automóvil del frente, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces.

Mientras la observaba, me percaté de que:
- De su retrovisor cuelga un rosario.
- Su auto tiene una calcomanía que dice: "Jesús te ama".
- Su patente tiene un borde que dice "Amor y paz".
- En la parte de atrás hay una oblea que dice "La paciencia es la madre de las virtudes”.
- Otra calcomanía que dice: "Practica la meditación".
- Y, finalmente, la imagen que dice: "Respeta al projimo"

¡Como es de imaginarse... supuse que el auto era robado!

Esta historia muestra la importancia de ser coherentes entre lo que pensamos, lo que creemos, lo que decimos, y lo que hacemos.

jueves, 9 de julio de 2020

Progre.

No se puede generalizar, pero por desgracia estamos formando una generación así.