jueves, 4 de diciembre de 2014

Carta de Abraham Lincoln al maestro de su hijo



Carta de Abraham Lincoln al maestro de su hijo

 “Querido profesor, mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son veraces, enséñele que por cada villano hay un héroe, y que por cada egoísta hay un generoso. También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que más vale moneda ganada que moneda encontrada.

Quiero que aprenda a perder y también a gozar correctamente de las victorias.
Aléjelo de la envidia y que conozca la alegría profunda de la satisfacción.

Haga que aprecie la lectura de buenos libros, sin que deje de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.

Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos.

Explíquele que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa.

Que crea en sí mismo y sus capacidades, aunque quede solo y tenga que lidiar contra todos.

Enséñele a ser bueno y gentil con los buenos y duro con los perversos.

Instrúyalo a que no haga las cosas porque simplemente otros lo hacen, que sea amante de los valores.

Que aprenda a oír a todos, pero que a la hora de la verdad, decida por si mismo.

Enséñele a sonreír y mantener el humor cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar los gritos de las multitudes que solo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.

Trátelo bien pero no lo mime ni lo adule, déjelo que se haga fuerte solito. Incúlquele valor y coraje pero también paciencia, constancia y sobriedad.

Transmítale una fe firme y sólida en el Creador. Teniendo fe en Dios también la tendrá en los hombres. Entiendo que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.


Abraham Lincoln, 1830

domingo, 30 de noviembre de 2014

Amor de hermanos





Amor de hermanos

Hace varios años, en una de las visitas al Hospital acompañando a mí madre, una enfermera me contó la historia de una niña llamada Elena quien sufría una extraña enfermedad.

Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le pregunto si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana.

Dudó por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir:

Sí, lo haré, si eso salva a Elena.

Llegó el día y la transfusión comenzó, mientras la transfusión se realizaba, él niño estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras eran asistidos por las enfermeras, viendo retornar el color a las mejillas de la niña.

Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. El miro al doctor y le pregunto con voz temblorosa:

 ¿A qué hora empezare a morirme?

Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana y que por tanto moriría. Y aun así se la daba.





viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Cuánto vales?



¿Cuánto vales?

Alfredo, con el rostro abatido de pesar se reúne con su amiga Carmen en un bar a tomar un café.

Deprimido descargó en ella sus angustias...que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación...todo parecía estar mal en su vida.
Carmen introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 50 dólares y le dijo:

- Alfredo, quieres este billete?

Alfredo, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:

- Claro Carmen...son 50 dólares, quién no los querría?

Entonces Carmen tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bollo. Mostrando la estrujada pelotita  a Alfredo volvió a preguntarle:

- Y ahora igual lo quieres?

- Carmen, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 dólares, claro que los tomaré si me lo entregas.

Entonces Carmen desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.

- Lo sigues queriendo?

- Mira Carmen, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 50 dólares y mientras no lo rompas conserva su valor...

- Entonces Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido...lo que debes preguntarte es CUANTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

Alfredo se quedó mirando a Carmen sin decir palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

Carmen puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

- Toma, guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal...pero me debes un billete NUEVO de 50 dólares para poder usar con el próximo amigo que lo necesite!!


¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente MERECEMOS MAS y que PODEMOS CONSEGUIRLO si nos lo proponemos? 

Claro que el mero propósito no alcanza...se requiere de la ACCIÓN para lograr los beneficios. Yo sé que se puede y que existen innumerables caminos para conseguirlo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las cuatro estaciones - 15ª parte- Verano (2ª parte) - Mi primera comunión.



LAS CUATRO ESTACIONES

2ª PARTE




XXIII

Mi primera Comunión






En el Salto de Millares, la primera comunión no la celebrábamos en Mayo como es costumbre en el resto de España, siempre se hacía coincidiendo con la patrona, La Virgen del Carmen, el 16 de Julio.



"Nuestra Señora del Carmen, patrona del Salto de Millares"


La verdad, es que recuerdo muy poco de ese día, mi madre estaba algo inquieta. El nene no lograría mantenerse impecablemente vestido en aquella calurosa mañana del 16 de Julio de 1959. Muchos habíamos estado encerrados los últimos días en un vano intento de que las rodillas no presentaran nuevas cicatrices. El día amaneció nublado y amenazaba lluvia, la humedad se sentía en los huesos y la intensa sensación de bochorno. Mi madre quería llegar a todo y no llegaba a ninguna parte, como suele ocurrir cuando se presentan acontecimientos notables en la vida.



La jornada se había iniciado a las 8 de la mañana, con repiques de campanas. En nuestra casa teníamos agua corriente, pero el aseo se realizaba con la palangana y un gran barreño de zinc, eran los elementos primordiales de higiene. A las 10,30 la Misa de Primeras Comuniones y a su término, se celebraba una pequeña Procesión. Hacíamos un pequeño recorrido desde la iglesia hasta el cemento y vuelta.





Como era también la fiesta del poblado y día de la Virgen del Carmen, los hombres llevaban en andas la imagen de la Virgen. A la llegada del cemento, un gran arco, tipo el que ponen en la feria de Abril en Sevilla, con muchas luces de colores, forrado los lados con ramas y hojas de baladre, y arriba en el centro, un cuadro de la Virgen de Carmen, precioso, pintado al óleo por mi padre.


"Comunión de Maribel Morales, al fondo el arco que instalaba para las fiestas, al centro el cuadro de la Virgen del Carmen, todo pintado por mi padre"





"Con mis padres, mi yaya, mis hermanas y unos amigos"


Mas adelante, un tablado, donde se instalaba la orquesta "Joot" de Millares, que amenizaba la fiesta con su música, os podéis imaginar, mucho pasodoble y por supuesto, la música que se llevaba en aquellos momentos.


"Mª Carmen, yo, Fidelón, Jose Enrique "Cucala", Fidelico, Maribel Morales"


Todos lucían sus mejores galas, en esos años era muy evidente la diferencia entre la ropa de diario y las de los domingos o días festivos.




"Con mis hermanas Tere, Mari Carmen y Mª Jesús"


Vino para este día mi abuela paterna Paca, mi hermana Mª Jesús, mi madre vestía todavía de luto por la muerte de mi abuelo Emilio. Mi traje de marinero era heredado de mi hermano y lo utilice durante algunas semanas los domingos, como traje de días festivos. La celebración de entonces, no tenía nada que ver con las de hoy en día, no eran un espectáculo ni un día para recibir muchos regalos y no volver más por la iglesia. Recibí como regalo, un anillo conmemorativo de ese día y un misal que me mandó mi abuela Carmen desde San Sebastián, libro que conserve durante muchos años y que durante todo este tiempo, me acompañó en la celebración de la misa.

"Con mis hermanas y mi hermano Vicente"

Aunque, con solo siete años, la comunión fue un día sencillo pero feliz, era un día que los niños lo afrontábamos con solemnidad y devoción, adquiriendo un compromiso que nunca he olvidado.


Final de la 15ª parte